Archive | 9 octubre, 2011

Los peligros del “té de tías”

Nada tengo contra las canas (esas que no peinaré ya sea -sin suerte- porque el infarto me expulse de ellas como de tantas otras probables cosas o -con suerte- porque la calvicie, evidente ya, no me deje ni un solo pelo, ni blanco ni no, para peinar) y conozco y he conocido a viejos maravillosos y lúcidos, y ancianas con una energía que la más histérica fanática de Justin Bieber envidiaría, pero desde que empecé a asistir al Festival de escritores de Ubud he ido observando un declive en el número de jóvenes que asisten y un aumento constante en el número de sexagenarias presentes.

¿Ser viejo es una especie de “deténgase” que impide o debería impedir la presencia de personas mayores en certámenes de este tipo? De ninguna manera, la participación de muchos escritores experimentados enriquece de experiencia y sabiduría estos talleres, charlas y conferencias, y las preguntas que hacen los mayores informados y cuajados en el arte de estar vivos, levanta de manera evidente el nivel de las discusiones.

Dicho esto, me pregunto, ¿tiene futuro un festival donde más de la mitad de la gente peina canas y asiste -acá está el problema- más como un “vamos a hacer algo diferente este fin de semana” antes que como lectores -críticos y apasionados- que llegan a poner en aprietos a los escritores con sus preguntas o a darles la excusa perfecta para iluminar el auditorio con sus ideas?

Ya sé que corro el riesgo de ser considerado un “gerontocida” (lo que sería estúpido -y casi suicida- a mis cuarenta y dos años) pero no puedo dejar de pensar que el peligro de inclinarse hacia un público adulto (¿dónde están los miles de estudiantes de letras de las universidades de Indonesia, dónde los miles de alumnos de los colegios secundarios?, ¿por qué no se promociona el evento de manera tal que sea atractivo para siquiera una parte de la infinidad de muchachas y muchachos que pueblan este archipiélago?) reside en convertir un encuentro de y con creadores en una especie de “té de tías” (de tías australianas, que la mayoría de los participantes son de ese país) que se quede en lo anecdótico -la foto, el autógrafo y el desayuno con el autor-, y se olvide por completo de la palabra, esa que todo lo nombra, esa que nos explica, nos seduce y nos salva.

Un grupo de señoras aguarda el inicio de una de las conferencias en el marco del octavo festival de escritores y lectores de Ubud (Bali-Indonesia)

Un grupo de señoras aguarda el inicio de una de las conferencias en el marco del octavo festival de escritores y lectores de Ubud (Bali-Indonesia)

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