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Singapore Airlines

Una de las mejores líneas aéreas del mundo, no solo por su seguridad sino por su servicio.

En la foto la tripulación del avión que nos llevó de Shanghái a Singapur (en esos vuelos, como en los que van a Frankfurt, sirven helados).

Orangettes

La segunda buena noticia que me dio el aeropuerto de Shanghái fue las “orangettes” (esas cáscaras de naranja bañadas en chocolate amargo que tanto le gustaban a mi padre).

Paseando por el “duty free” (que no sé a quién se le ha ocurrido decir que es barato, porque nunca lo ha sido -a no ser que vivas en un país donde las importaciones estén prohibidas y, sin importar cuánto pagues, siempre será más barato que el mismo producto contrabandeado en casa-) me encontré con un estante lleno de chocolates Neuhaus y, entre ellos, las siempre esquivas cajas de “orangettes”, compré una (¡ah, la dieta!) y la devoramos antes de que el avión abandonara territorio chino.

Caja de orangettes Neuhaus aeropuerto de Shanghai

Caja de "orangettes" Neuhaus en el aeropuerto de Shanghái.

Movenpick

Si algo me va a matar, serán los dulces y, entre ellos, los helados.

Si de chico me hice adicto del helado de lúcuma de D’Onofrio (marca fabulosa creada por el italiano inmigrante del mismo apellido y vendida hace unos años -sin demasiado desconsuelo- a la transnacional Nestlé), luego ha recorrido mi paladar cuanto helado -casero o industrial- se ha cruzado en mis rumbos. En Indonesia, tras meses de recorrido, hallé que, de todos, el Häagen-Dazs es el mejor y solo fue hasta hace un año que descubrí en la isla estado -paseando sudoroso del brazo de la rubia cerca de la mezquita de Singapur- los Mövenpick. Para mi mala fortuna (o buena) no los venden en Indonesia.

Este domingo, abandonar Shanghái fue un poco más difícil porque descubrí en el aeropuerto que los Mövenpick estaban allí también, tentándome.

Helados Movenpick en el aeropuerto de Shanghai

Helados Mövenpick en el aeropuerto de Shanghái.

Volar el 11 de setiembre

Logo de las conferencias Learning 2011 en Shanghai

Logo de la conferencia.

Es domingo en Shanghái.

Ayer terminaron las conferencias que me dejaron -¿para bien o para mal?- este blog en el que -según me he prometido- iré contando, a quien quiera leerlas -si es que hay alguien al otro lado de la pantalla-, mis andanzas, comunes y pedestres, por esta parte del mundo.  La idea es “ser blogger”, o sea, mantener cierta frecuencia en mis apariciones (una diaria al menos dicen que es lo adecuado, ¿alguien tendrá la paciencia de leerme una vez al día?) y hacer de este una especie de diario personal.

Después de escribir mis “Crónicas desde Lima” (que se convirtieron solo en “crodesli” cuando las tuve que escribir desde Miami, D.F. o Yakarta) por  más de diez años (empecé el 98, cuando Omar Monroy me pidió un artículo para un diario de Chañaral, al norte de Chile, donde fuimos con mi inolvidable amigo Pedro Mardones Barrientos a un encuentro de poetas), creo que resulta interesante (para mí) este intento de “escribir de corrido”, sin demasiadas ediciones, sin darle vueltas al asunto, dejando que las experiencias (la de la vida misma y la de andar de plumífero virtual por más de una década) vayan dando a luz breves textos (decirles “artículos” me suena pretencioso a esta hora de la mañana) que, por primera vez (y en la medida de lo posible) acompañaré con fotos, ya sea mías o ajenas.

Hoy es 11 de setiembre y se conmemoran diez años del atentado contra las Torres Gemelas, ¿será un buen día para volar? No dudo que algún fanático idiota (perdóneseme la intolerancia pero la practico solo con los intolerantes que creen que de ellos es la razón, la justicia y la voluntad divina, sean del credo que sean y del extremo político que mejor les apetezca) tratará de “recordar” la fecha haciendo alguna salvajada, pero confío en la simpleza de las estadísticas para que la rubia y yo lleguemos completos, sanos y salvos, sin frío y con hambre, a casa.

Cruzando el Huangpu

El Huangpu es el último tributario del Yangtsé (“el río largo”, de hecho, el tercero del mundo) y divide la ciudad de Shanghái en dos, Pudong al este y Puxi al oeste.

Esta es la vista de la “torre de Perla” desde el río, de noche, cruzándolo en un ferry lleno de gente por dos yuanes (unos treinta y cinco centavos de dólar), después de unos sabrosos fideos y unos jiaozi (“dumplings” chinos fritos) en un restaurante cualquiera en el sótano de un centro comercial al final de la calle Nanjing.

Cruzando el rio Huangpu en ferry

Cruzando el río Huangpu en ferry.

Jess McCulloch

Jess McCulloch

Jess McCulloch y su personaje "el agente 42".

Jess McCulloch es una profesora de chino en Australia, se ha especializado en este nuevo mundo de interconexiones a través de Internet y ha estado encargada del grupo Infusing Technology into World languages. Hoy hemos discutido sobre el tema de las posibilidades de la red de redes en la enseñanza de una segunda lengua.  Las máquinas sin duda que son una heramienta muy útil (aunque algunos tengan la ilusión de ver en ellas “mucho más que solo una herramienta, un puerta hacia el futuro”), pero, luego de participar en las sesiones con Jess y de disfrutar de su capacidad para hacer interactuar (conversando con nosotros y escribiendo en la pizarra), me sigo preguntando si pueden reemplazar lo que un ser humano de carne y hueso (el profesor, con sus limitaciones y grandezas, con sus malos y buenos días) puede hacer con sus alumnos.

La mejor manera de comenzar

Empieza el día. Sábado en Shanghái. Los profesores llegan al colegio y los recibe una mesa con café y un contenedor de plástico lleno de gaseosas.

En mi colegio (en Indonesia) está prohibida la venta de gaseosas dentro del campus (pero no su consumo) dicen que es para proteger la salud de los alumnos que, sin embargo, pueden disfrutar de comidas fritas, abundantes en grasas, y de dulces a discresión.

Entonces empiezan las preguntas, ¿prohibir o educar? Lo que vale para las gaseosas, ¿vale para el alcohol, los cigarrillos o las drogas?

Lo mismo pasa con Internet, ¿limitar o enseñar? En la red (donde no se haya parcialmente bloqueada o donde se saltan esas limitaciones con trucos que cualquier adolescente más o menos curioso puede aprender) uno puede hallar de todo; es, por seguir la tradición de la mitología cristiana, el árbol de la sabiduría del Bien y del Mal. De uno depende (y de la educación que ha recibido) que busque cómo hacer una bomba o cómo salvarle la vida a alguien que se ha atorado con un trozo de carne. ¿O no?

Coca-colas heladas (y Sprite y agua y cafe), para empezar el dia

Coca-colas heladas (y Sprite y agua y café), para empezar el día.

Shanghái de noche

Foto tomada con la Blackberry -vieja ya, cuasi obsoleta, con sus más de 25 meses conmigo y cuyas demasiadas limitaciones no le hacen honor a la vista-, desde una de las puertas del lujoso centro comercial “IFC Shanghái”, mientras hacíamos cola, esperando el taxi.

Claro, el taxi jamás llegó (la gente que salía del centro comercial caminaba hasta la avenida haciendo inútil el trabajo del encargado de llamar taxis para servir a los clientes que esperábamos en el lugar) y abandonamos la fila (penúltimos, que última fue una pareja de indonesios millonarios -según entendimos de las tantas bolsas tan llenas de cosas de marcas famosas que cargaban, extrañando, seguramente, lo sencillo y barato que es en Yakarta que otro haga las cosas por ti-), caminamos rumbo a la avenida donde aguardamos todavía un rato más (que si de diario no es fácil hallar un taxi desocupado, un viernes en la noche parece una tarea imposible) para que, finalmente, un amable taxista me dijera “doscientos, sin táximetro”, trasgresión -¿será delito?- que mis pies me obligaron a cometer bajo amenaza de dejarme tirado allí hasta que viniera la ambulacia -o la grúa- a recogerme.

Vista desde IFC Shanghai

Vista nocturna desde el IFC Shanghái.

Chocolates “Leonidas”

Largo camino desde Bruselas hasta Shanghái el que han recorrido los exquisitos chocolates Leónidas, ¡pero no tienen las cáscaras de naranja bañadas en chocolate que a mi padre tanto le gustaban!

¡Cómo no recordar a Luc y con él a Miyuki!  Si Bélgica es la tercera parte de lo amable que fue pasear por Bruselas comiendo chocolates y papas fritas -aunque las que Luc hacía en Yakarta no tendrán jamás comparación-, ¡me mudo mañana!

Pasamos frente a un hotel, no recuerdo cuál.  Era en Nanjing, lujoso, inmenso, con tanto dorado en lasparedes que  dolía mirarlas.  Vi el letrero de Leónidas y entré raudo; inútilmente.  Era una tienda hacía poco abandonada.  Cuando no retirábamos -derrotados-, el portero, con una amabilidad que salvó un anochecer de vendedores agresivos (la última moda son unas odiosas rueditas adaptables para convertir cualquier calzado en patines), contrabandistas (“lolex”) y burdeleros (“girls, sex”), nos dijo que allá, “del semáforo a la izquierda, en el centro comercial”, podíamos hallar otra tienda, y así fue, pero no hubo suerte con las “orangettes”.

Tienda de chocolates Leonidas en Shanghai

Tienda de chocolates Leónidas en Shanghái.

Captain America

¿Para qué vendrá a Shanghái el capitán América?

¿A luchar por alguna nueva causa o tal vez será por la razón fundamental -según dicen- de su existencia?

¡Ah, el mercado, ah, los mercaderes! ¿Qué fue lo que dijo aquel que los arrojó del templo?

Pelicula el capitan America en Shanghai estrenada el 2011

Película "El capitán América" en Shanghái, estrenada el 2011.

La gran marcha

¿Será más cómodo hacerla con Nike?

En Shanghái las grandes transnacionales gozan de buena salud (al menos en el centro, que es lo que hemos paseado, tarde en las tardes, después de terminadas las jornadas de las conferencias; el colegio y el hotel que nos albergan quedan a casi una hora y 120 yuanes -20 dólares devaluados- de la calle peatonal -y odiosamente comercial- llamada Nanjing).

Local de Nike en Shanghai cerca de La plaza del pueblo

Local de Nike en Shanghái, cerca de "La plaza del pueblo".

El evento en Shanghái

Este es el frente del colegio donde se realiza el evento, en Shanghái, China.  Cómodo, amplio y amable, un lugar donde se está a gusto.  El hotel donde nos alojamos queda literalmente “a la vuelta de la esquina”, si tuviéramos la vista de rayos X de Súperman (que no dudo que la usaríamos más creativamente) podríamos, atravesando las paredes del edificio, ver el hotelito (solo una de las dependientes habla inglés, un par lo intuyen, las demás le huyen, aunque, hay que decirlo, les sobra voluntad).

Al menos, creo, he aprendido algo más acerca de WordPress.

Frente del colegio donde se realiza la conferencia Learning2.011 en Shanghai

Frente del colegio donde se realiza la conferencia "Learning 2.011" en Shanghái.

Probando publicar fotos

¿Es posible -aún en China- publicar fotos en WordPress desde la misma Blackberry con las que fueron tomadas y a través de una cuenta de correo electrónico? Consultando en Internet (acá ha funcionado mejor Yahoo que Google), hallé algunas recomendaciones, les di curso, y acá tienen el resultado: la foto de una de las tantas Coca-Cola que he bebido hoy día y la Mac desde donde todo esto se hace posible.

Salon donde se realizan algunas de las conferencias una Coca Cola y la Mac

Salón donde se realizan algunas de las conferencias, una Coca-Cola y la Mac.

Shanghái 2.011 y por qué empecé hoy este blog

Shanghai Learning 2011

Shanghái, China, conferencias "Learning 2.011".

Anduve dejando pasar el tiempo antes de volver a mis artículo.

Entre que me peleaba con burócratas de ambos lados del Atlántico para intentar re-casarme (que ya lo hice) y tratar de conseguir mi máster (aún pendiente, como casi todo lo demás en mi vida), los meses se fueron feroces y furiosos. Acá estoy, ahora, en Shanghái, en unas conferencias que, entiendo, deben ayudarme (perdóneseme la perogrullada) a entender por qué el uso de estos juguetes (escribo desde la ya-no-tan-casta Mac con que el colegio en el que trabajo -¿sabían que funjo de profesor en Yakarta?- me ha proveído) me hará un “mejor profesor” (¿implicará eso que ya soy buen profesor?, mejor no dejemos comentar a mis ex alumnos).

¿Por qué empecé a escribir esto acá? Porque estaba aburrido entre “how I make a podcast?” y “update your profile in Twitter!” y porque (ya sean cosa de los chinos o de los técnicos del colegio que nos alberga) es imposible entrar a Blogger, el sitio en la web que suelo usar.

No sé nada de WordPress aunque muchos declaran su amor por la herramienta (¿les pagarán a los que en estas conferencias hablan bien de ciertas páginas en la web?, creo que no, se llama “sé usar este programa y por eso puedo hablar -me pagan el pasaje y mejor hotel- mientras tú -a ti no- escuchas”). Aprenderé y, claro, los invitaré al taller que organice, ¿en Bali?

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