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Los “bemo” de Pattayá

Los “Bemo”, esas camionetas que sirven como medio de transporte a lo largo de las playas en Lombok, me recordaron los mismos (parecidos) vehículos que en Pattayá, esa playa abundante en turistas viejos acompañados de jóvenes tailandesas, se utilizan para llevar a las personas desde la terminal de buses que llegan de Bangkok hasta los hoteles que se hallan desperdigados a lo largo de los varios kilómetros de playa.

Bemo en Pattayá.

Bemo en Pattayá.

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Juan Gabriel Vásquez

En el Festival de escritores de Ubud conocí -es un decir, en realidad vi, escuché, dije “hola y felicitaciones” y le di mi libro- al novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez quien, no lo sabía hasta ayer -vivir en Yakarta aleja de muchas noticias-, ha ganado el premio Alfaguara de este año.

Me pareció, como expositor, un tipo claro, lúcido y leído (tal vez abusa de las citas, pero no lo culpo, me pasa lo mismo y yo no he ganado nada y eso nace -hablo de mi experiencia- de la necesidad, doble y compulsiva, de ilustrar o clarificar una idea y evitar el plagio indeseado). Como persona no puedo calarlo por las diez palabras que cruzamos pero puedo decir que tiene un buen inglés y mejores modales, se me antoja -además- distante en lo personal y cercano en lo público (aunque habría que decir, en honor a la verdad de quien no lo conoce: “distante en lo personal del trato público y cercano en la exposición frente al auditorio”). Ahora mismo que escribo estas líneas, dos alumnas me cuentan emocionadas que mantuvieron una larga charla con él (que estaba almorzando con su esposa). Parina -que este año se gradúa, que ha venido al festival cuatro veces, que ha conocido y conoce a muchos escritores que quedan sorprendidos con sus siempre inteligentes preguntas- me dice que Juan Gabriel Vásquez es una persona encantadora y amable, y Parina es una muchacha inteligente, honrada y veraz, así que lo tomo por cierto.

Al parecer, ha sido la embajada colombiana y no la editorial española quien lo trajo a esta isla, pero, como sea, creo que se ha desperdiciado a un tipo muy interesante que, siendo además el ganador de este año del premio Alfaguara, hubiera podido ser larga y vivamente promocionado por estas tierras.

Una postal para mi hermano

Hace años ya que, desde la ciudad a la que me lleve mi a veces vida gitana, le envío una postal -de esas “de antes”- a mi hermano. Estoy en Ubud y no hallo aún el “kantor post” desde la cual enviarla, aunque desde ayer tenga lista la postal que ANZ, el banco auspiciador, regala a los asistentes que, apertrechados casi todos de juguetes como este (desde el que escribo estas líneas), las abandonan sin remordimientos porque el “imeil” y el “féisbuk” y “escaip” son más rápidos y más eficientes (pero nunca más cercanos).

Veremos si Asti, la amable encargada del modesto hotelito que nos alberga, me ayuda y esta cartulina -garabateada cariñosamente por mí- llega a las manos de mi hermano, al otro lado del mundo.

Selamat Datang

Con ese “bienvenidos” en indonesio se abre el libro-agenda del octavo Festival de escritores de Ubud que mañana domingo cerrará sus puertas por octava vez. Luego aparecen cuatro textos de saludo en el idioma local y nada más; el inglés se convierte, de allí en adelante, en la lengua oficiosa de esta reunión de escritores. La ausencia del idioma de esta república en los documentos y presentaciones del evento es cada vez mayor.

Es difícil imaginarse un encuentro de poetas en algún país de habla hispana en el se realicen todas las exposiciones en inglés, pero acá, donde hasta el presidente hace gala de su manejo de la lengua de Shakespeare incluyendo una que otra frase inglesa en sus discursos, el asunto parece no quitarle el sueño a nadie. Cuando un poeta local dijo tímidamente que hablaría en indonesio, la gente no se inmutó, porque el casi avergonzado había traído a un traductor…

Los dueños de casa parecen invitados y aparecen como una minoría y no como un país que, con doscientos cuarenta millones de personas, tiene mucho que decirle al mundo.

El octavo

Ayer dije que el libro-agenda con los eventos del “Festival de escritores de Ubud 2011” no mencionaba cuántos festivales lo habían precedido, mentí. Involutariamente, pero falté a la verdad. Manoseando el libraco -en medio de una aburrida conversación donde no sé cómo se nos pretende explicar la mejor manera de acercar a los niños a la literatura cuando los ponentes son incapaces de hablar cinco minutos seguidos sin arrancarnos un bostezo- me encontré con una pequeña nota que lo menciona.

Este es el octavo, ergo, he acudido a la mitad de ellos, ¿me harán un descuento si insisto el próximo año -claro, si es que ellos también insisten-?

Gastos de correo

Seguimos con el festival de escritores de Ubud. Una de las señoras que habla, poetisa según parece, se queja porque por cada libro que vende a través de Amazon (la tienda virtual), ella pierde dinero (debido a los gastos de embalaje que, entiendo, ella debe asumir), ¿no sería tiempo de que empezara a pensar -al menos en los casos de largas distancias- en enviar una versión electrónica de su texto?

Después, por lo que comprendí, se decantaron por el tema de las publicaciones digitales y sus posibilidades, aunque no llegaron a ninguna conclusión memorable.

Campos de arroz

Aún es posible hallar en el mismo centro de Ubud algunos campos de arroz; pronto serán un museo que muestre lo que fue esta maravillosa ciudad que empieza a ahogarse en cemento y contaminación.

¿Sería mucho pedir que se prohíba el transporte motorizado en el centro y hacerlo -para salvarlo- accesible “solo para peatones”?

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