Probando Twitterfeed

Publicar en varios blogs (uso las plataformas de http://www.blogger.com y http://www.wordpress.com) a la vez y, al mismo tiempo, hacerlo en Facebook y Twitter, puede convertirse en un dolor de cabeza a la hora de tratar de unificar o centralizar las publicaciones. Ahora estoy probando http://twitterfeed.com/, veremos cómo funciona.

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Una cena para dos

Senggigi, Lombok, ¿dónde cenar?

Si el asunto es ser testigo de una puesta de sol maravillosa acompañada de una comida que no la desmerezca, hallamos tres posibilidades frente al mar:
-El bar del Sheraton; la pizza de cuatro quesos es muy sabrosa (aunque la masa podría ser más delgada y crocante). El capuchino, cumplidor.
-“Lotus”, muy buena pizza, algo seca la masa pero solo ligeramente, muy agradable al paladar; el capuchino no es de máquina, no vale la pena.
-“Alberto”, la mejor pizza, sin discusión, extraordinaria masa, hay que probar la Bismark, con huevo. No hay capuchino (solo Nescafé). La comida menos pesada de la zona (eso significa que usan buenos ingredientes). El pan, recién horneado, delicioso.

Si el “sunset” es irrelevante, dos lugares son muy recomendable, ambos se ubican en la avenida principal de Senggigi:
-“Jessy”, comida asiática, muy agradable; la atención eficiente (desde el dueño que te recibe hasta los mozos que se despachan amigables con frases en varios idiomas); los platos con pollo son una garantía. No hay capuchino.
-“Square”, el local más moderno, el mejor tenido y mantenido, los postres de antología, no dejar de probar los mini-brownies con helado. El capuchino, Illy, soberbio (la galleta de chocolate que lo acompaña, un sueño).

¿Precios? Para dos, sin alcohol y con hambre, entre 250,000 y 450,000 rupias (a poco menos de 9,000 rupias por dólar americano).

Bemo

Ya los había visto y utilizado en Pattayá, esa playa tailandesa donde casi todo está permitido; cuando uno llega al paradero final del bus interprovincial que lleva a los turistas de Bangkok al paraíso del libertinaje, se encuentra con esas camionetas pequeñas que por unas cuantas monedas depositan al viajante cerca del lugar donde se encuentra su hotel.

Acá en Lombok son el medio de transporte a lo largo de la costanera. Siendo una isla relativamente pequeña y con altas montañas, Lombok está comunicada por una carretera que parece rodearla por completo. El “bemo” -que así les llaman) permite que la gente (los locales, que los turistas parecen preferir la independencia que dan las motos alquiladas) se traslade de una playa a otra con facilidad. Al parecer cobran según sea la distancia recorrida, porque cuando le preguntamos la tarifa a una de las señoras que viajaba con nosotros, lo primero que dijo fue “a dónde van” y, cuando le respondimos, soltó un “aaah” de ” acá cerca” y luego “cuesta dos mil” (que en rupias indonesias son unos veintidós centavos de dólar).

El de la foto no es el que nos transportó sino otro que andaba estacionado, cargando no sabemos qué y que resultó más fácil de capturar con la camará lentísima y básica de esta máquina desfalleciente.

Atardecer

Ignoro quiénes son estas personas. Hace rato pintan canas y pareciera que andan juntos desde hace mucho.

Conversan, cosa rara en estos tiempos. ¿Son personas honradas que se hallan sacándole el jugo a las pensiones honestamente ganadas a lo largo de cuarenta años de trabajo? ¿Son un par de cretinos aprovechados que disfrutan el dinero de otros birlado con astucia y mala entraña? ¿Es él el marido ejemplar que ayer amó a una muchacha y hoy sigue amando a la anciana o es, al contrario, de los que buscan la primera excusa para una tarde libre en otros brazos más firmes y en otro vientre más fresco? ¿Es ella la señora fiel y dedicada que aún contempla al marido ensimismada o, tal vez, la bruja cobarde o convenida que se muerde el “viejo maldito” cada vez que él llega a casa?

No lo sabremos nunca y acaso no es importante, esta tarde son dos seres humanos que observan juntos -tal vez hasta felices- la infinitud del mar en los atardeceres de sus vidas.

Gasolina al paso

Lo dicho, las motos comienzan a inundar Lombok, miles de locales las usan y están disponibles para que los turistas puedan trasladarse de playa en playa. Las “estaciones de gasolina al paso” venden -sin licencia, permisos o medidas de seguridad alguna- botellas llenas de gasolina para saciar la sed de esos potros de metal que lo van ocupando todo.

Las malditas motos

Como no podía ser de otra manera, Lombok empieza a llenarse de motos. Otra muestra de la “civilización” que terminará destruyendo esta isla.

De picnic al aeropuerto

El recién inaugurado aeropuerto internacional de Lombok se ha convertido en el atractivo turístico de cientos de lugareños. Tantos que, cuando uno llega, se topa con una muralla humana. “¿Viene alguien importante?”, pregunté y la respuesta fue que no, que la gente venía a ver el nuevo espacio público, “por curiosidad”. Así que aquellos que no están parados en la puerta de salida viendo a los turistas llegar, se sientan plácidamente bajo la sombra y poco menos que arman su picnic.

¿La basura? Un detalle, seguramente que a alguien ya se le ocurrirá limpiar…

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