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Indonesio básico, jale

Si “dorong” nos hace empujar para que la puerta se abra, al encontranos con la palabra “tarik” deberemos realizar la acción inversa, es decir, “jalar” para conseguir paso franco.

Si revisamos lo que hemos aprendido, tenemos ya cuatro palabras básicas para pasear por Yakarta; a saber, “tutup” que se opone a “buka” (como en español se enfrentan “cerrado” y “abierto”) y “dorong” que se contrapone a “tarik” (de la misma manera que “empuje” está en las antípodas de “jale”).

El “bonus extra” de hoy es la frase “terima kasih”, que quiere decir “gracias” y que, dicha con una sonrisa, hará nuestra vida en el archipiélago indonesio mucho más cómoda y amable.

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Indonesio básico 3, empuje

Otra palabra importante en indonesio es “dorong”; sin el “empuje” que ella significa nos quedaríamos atrapados en el edificio sin saber cómo abrir la puerta.

Indonesio básico 2, abierto

Si “tutup” es el portazo doble que se da en la cara de aquel que quiere ingresar a algun lugar que ya ha cerrado, “BUKA” (que a mi se me antoja una boca, femenina, hospitalaria, generosa y fresca, entregándose a los labios sedientos del varón que llega) es una palabra que, a pesar de esa “k” que arriesga hacerla cortante y feroz, se presenta como la lluvia prometida, el agua necesaria, el indispensable “abierto” que devuelven energías y esperanzas.

Indonesio básico 1, cerrado

A través de los pequeños carteles bilingües que abundan en los establecimientos de la ciudad, es posible ir aprendiendo, poco a poco, algunas palabras claves en indonesio. La primera, de las que voy a coleccionar y publicar en este espacio, es “TUTUP” (se pronuncia como se lee, que en indonesio hay pocas excepciones a esa regla). Es indispensable grabarse esa palabra porque la encontraremos en muchos lugares a los que lleguemos fuera del horario de atención. “Tutup” significa “cerrado” (algo que deprime a más de un expatriado trasnochador cuando lo lee en la puerta de su bar favorito).

Juan Gabriel Vásquez

En el Festival de escritores de Ubud conocí -es un decir, en realidad vi, escuché, dije “hola y felicitaciones” y le di mi libro- al novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez quien, no lo sabía hasta ayer -vivir en Yakarta aleja de muchas noticias-, ha ganado el premio Alfaguara de este año.

Me pareció, como expositor, un tipo claro, lúcido y leído (tal vez abusa de las citas, pero no lo culpo, me pasa lo mismo y yo no he ganado nada y eso nace -hablo de mi experiencia- de la necesidad, doble y compulsiva, de ilustrar o clarificar una idea y evitar el plagio indeseado). Como persona no puedo calarlo por las diez palabras que cruzamos pero puedo decir que tiene un buen inglés y mejores modales, se me antoja -además- distante en lo personal y cercano en lo público (aunque habría que decir, en honor a la verdad de quien no lo conoce: “distante en lo personal del trato público y cercano en la exposición frente al auditorio”). Ahora mismo que escribo estas líneas, dos alumnas me cuentan emocionadas que mantuvieron una larga charla con él (que estaba almorzando con su esposa). Parina -que este año se gradúa, que ha venido al festival cuatro veces, que ha conocido y conoce a muchos escritores que quedan sorprendidos con sus siempre inteligentes preguntas- me dice que Juan Gabriel Vásquez es una persona encantadora y amable, y Parina es una muchacha inteligente, honrada y veraz, así que lo tomo por cierto.

Al parecer, ha sido la embajada colombiana y no la editorial española quien lo trajo a esta isla, pero, como sea, creo que se ha desperdiciado a un tipo muy interesante que, siendo además el ganador de este año del premio Alfaguara, hubiera podido ser larga y vivamente promocionado por estas tierras.

Selamat Datang

Con ese “bienvenidos” en indonesio se abre el libro-agenda del octavo Festival de escritores de Ubud que mañana domingo cerrará sus puertas por octava vez. Luego aparecen cuatro textos de saludo en el idioma local y nada más; el inglés se convierte, de allí en adelante, en la lengua oficiosa de esta reunión de escritores. La ausencia del idioma de esta república en los documentos y presentaciones del evento es cada vez mayor.

Es difícil imaginarse un encuentro de poetas en algún país de habla hispana en el se realicen todas las exposiciones en inglés, pero acá, donde hasta el presidente hace gala de su manejo de la lengua de Shakespeare incluyendo una que otra frase inglesa en sus discursos, el asunto parece no quitarle el sueño a nadie. Cuando un poeta local dijo tímidamente que hablaría en indonesio, la gente no se inmutó, porque el casi avergonzado había traído a un traductor…

Los dueños de casa parecen invitados y aparecen como una minoría y no como un país que, con doscientos cuarenta millones de personas, tiene mucho que decirle al mundo.

Gastos de correo

Seguimos con el festival de escritores de Ubud. Una de las señoras que habla, poetisa según parece, se queja porque por cada libro que vende a través de Amazon (la tienda virtual), ella pierde dinero (debido a los gastos de embalaje que, entiendo, ella debe asumir), ¿no sería tiempo de que empezara a pensar -al menos en los casos de largas distancias- en enviar una versión electrónica de su texto?

Después, por lo que comprendí, se decantaron por el tema de las publicaciones digitales y sus posibilidades, aunque no llegaron a ninguna conclusión memorable.

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